miércoles, marzo 08, 2006

Manifiesto 1 (enlace) septiembre de 2005. Por Ati

Somos los hijos de la ciencia ficción, estamos presentes en un escenario de RGB y nuestros ojos han sido adaptados genéticamente a esta percepción. Atrapamos el halo de la potencia sensitiva desde nuestra conciencia bidimensional. Sabemos que el más allá está más acá. Pero no queremos ser inválidos super equipados que asisten a la danza del mundo desde su silla con un computador, ventana que rompe el tiempo en una larga noche.

Queremos abrir la puerta al espacio sin fronteras que nos conecta con nuestros antepasados. Recordamos a los mamos en su conexión telepática con los lamas. El ritual sin tiempo que une los espacios como un acto de fe cósmica. Utilizamos la fibra óptica por ser el mejor transmisor de la luz.

Creamos paraísos artificiales con nuestro pincel digital, transformamos la imagen de la realidad porque no creemos en ella. Sabemos que los límites de nuestro tiempo son tan difusos como el trance bien sustentado de todo aquello que es comprobable, el “ver para creer” de la fe mediática, la veloz liposucción digital que filtra los hechos sin darnos tiempo a reordenar los clips de la edición.

La ley de Kulechov, al igual que la ley de la relatividad y el mandamiento de Jesús, han servido a la humanidad para convertir el “montaje” en sinónimo de mentira, el espacio tiempo en una bomba atómica y el amor en una estrategia para el consumo.

Pero sabemos que la tecnología nació con la especie y no es más que una sofisticación que expande nuestros sentidos. El espacio de los sueños proféticos de la teletransportación está cobrando materia, y el que nuestra mente se expanda con las múltiples posibilidades de la Internet, nos hace dar pasos más grandes. Por esto es necesario dejar la silla, activar nuestras antenas y reconocernos crononautas. Yo estoy allá y tu estás acá, finalmente un acto amoroso que solo devela la vibración de los miles de watios y lumens.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

de lujo, ¡muchas flores!

Novenopiso dijo...

Asi como lo cuentan suena como si todo fuera una mamera